Yemen inicia una ofensiva contra los hutíes mientras un informe detalla el apoyo de EE. UU. desde Arabia Saudí

El Gobierno de Yemen reconocido internacionalmente ha iniciado una ofensiva con respaldo saudí para recuperar territorios controlados por los hutíes, tras el anuncio del 4 de octubre de Rashad al-Alimi, presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial. Ya se han comunicado avances gubernamentales cerca de Bab el-Mandeb, aunque el control de la zona sigue en disputa.
The New York Times, en un reportaje reproducido por The Business Times, informó de que más de 200 analistas estadounidenses de inteligencia y asuntos militares asisten a Arabia Saudí desde centros de mando dentro del reino. El artículo citó a un funcionario estadounidense en activo y a un antiguo funcionario, ambos bajo condición de anonimato para hablar de cuestiones operativas.
En qué consiste el papel estadounidense descrito
Según ese reportaje, los analistas ayudan a evaluar y seleccionar objetivos. Su ubicación es un detalle importante: se describe una labor realizada desde Arabia Saudí, sin aportar pruebas de que esas personas hayan entrado en Yemen o participen en combates terrestres.
La distinción también delimita lo que puede afirmarse sobre Washington. La asistencia de inteligencia puede respaldar una campaña sin revelar quién autoriza cada ataque, qué objetivos terminan siendo atacados o si hay participación directa de fuerzas estadounidenses. La cifra de personal no resuelve por sí sola esas preguntas.
Versiones enfrentadas sobre los avances junto al mar Rojo
El 5 de octubre, el ministro de Información yemení dijo a Reuters que las fuerzas gubernamentales habían logrado el control efectivo de la zona de Bab el-Mandeb tras avanzar cerca de Dhubab. La agencia también informó de que continuaban los combates, mientras los hutíes negaban esos avances.
Para evaluar las consecuencias sobre la navegación, la cuestión central es si un cambio territorial se consolida. Un anuncio de progreso no demuestra que una ruta comercial sea segura, que hayan terminado los combates o que el adversario haya perdido su capacidad de amenazar buques.
Al-Alimi plantea un objetivo político
En el comunicado publicado por su oficina el 4 de octubre, al-Alimi presentó la operación como un esfuerzo por restablecer las instituciones estatales y la autoridad gubernamental. Ordenó proteger a los civiles y sus propiedades y afirmó que los residentes de las zonas hutíes no eran el objetivo.
Son compromisos del Gobierno que dirige la campaña. Comprobar si mejoran la protección de los civiles y los servicios públicos exigirá pruebas procedentes de las zonas afectadas, más allá de los anuncios de objetivos militares.
La prueba para la población civil
El Programa Mundial de Alimentos advirtió el 2 de octubre de que los combates alteraban los mercados y restringían el acceso humanitario. Su seguimiento en zonas accesibles encontró que el 74% de los hogares no podía cubrir sus necesidades alimentarias básicas. Ese dato no debe presentarse como una encuesta de todo el país.
Para Israel y otros países preocupados por la seguridad del mar Rojo, la campaña plantea una pregunta práctica: ¿puede la presión sobre los hutíes hacer más segura la navegación? Para los yemeníes hay otra medida inmediata: si los alimentos y la ayuda llegan a sus comunidades mientras se desplazan los frentes. Ninguno de esos resultados está garantizado por el inicio de una ofensiva.



