Europa debe hacer más por Ucrania. El enfoque de Trump sigue importando.

Los estadounidenses tienen derecho a preguntar qué compromiso con Ucrania sirve a los intereses de su país y cómo puede Europa asumir más responsabilidad. Los ucranianos tienen derecho a preocuparse por decisiones que podrían reducir la capacidad de su país para defenderse. Una política seria debe responder a ambas inquietudes.
El debate pierde utilidad cuando se convierte en una prueba de lealtad. Llamar a Donald Trump «el perro de Putin» sustituye el análisis por un insulto. Interpretar cualquier crítica a su política sobre Ucrania como hostilidad hacia Estados Unidos resulta igual de poco útil. Lo que importa es qué consiguen sus decisiones, qué aporta Europa y si Vladímir Putin tiene más motivos para negociar que para seguir combatiendo.
Rusia lanzó la invasión a gran escala. Ucrania defiende su país. Reconocerlo no resuelve todas las discrepancias sobre ayuda, sanciones o negociaciones, pero establece a quién corresponde la responsabilidad de la guerra.
La responsabilidad de Europa empieza por reconocer lo que ya aporta
Los argumentos a favor de un papel europeo más importante son sólidos. La seguridad de Ucrania afecta directamente a la del continente. Los gobiernos europeos deberían planificar, financiar y producir en función de esa realidad, en lugar de depender de cada cambio de administración en Washington.
Pero afirmar que Estados Unidos lo aporta todo mientras Europa contribuye poco es incorrecto. El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo informó el 14 de octubre de que las instituciones y los Estados miembros de la UE superaron a Estados Unidos en el total de ayuda militar, financiera y humanitaria asignada en 2025. La comparación se refiere a ayuda asignada, no significa que todos los euros prometidos hayan llegado a Ucrania.
Reconocer la contribución europea permite precisar qué más debe hacerse. Los gobiernos deberían evaluarse por si entregan el material que necesita Ucrania, financian un apoyo previsible y amplían la producción. Un gran anuncio no puede interceptar un misil.
Tampoco son equivalentes todas las grandes cifras que se anuncian. Los préstamos, las subvenciones, las asignaciones de armamento y los equipos entregados son medidas diferentes. Los estadounidenses que preguntan cómo se utiliza su dinero merecen una respuesta adecuada. También la merecen los europeos cuyos gobiernos están asumiendo compromisos sustanciales.
El debate útil aborda la siguiente etapa de responsabilidad: cómo puede Europa sostener la defensa de Ucrania con menos dependencia de los contribuyentes estadounidenses y de sus ciclos electorales.
La financiación europea sigue necesitando capacidades estadounidenses
Más dinero europeo no sustituye de inmediato a los equipos estadounidenses.
El Instituto de Kiel informó en agosto de que los donantes europeos adquirieron a empresas de defensa estadounidenses al menos 3.000 millones de euros en ayuda militar durante el primer semestre de 2026. Esa cantidad representó aproximadamente el 30% de su ayuda militar adquirida a través de la industria. Kiel también señaló la defensa antiaérea Patriot como una capacidad para la que Europa dispone actualmente de pocas alternativas.
Esto abre una oportunidad práctica. Los europeos pueden financiar una mayor parte de las necesidades de Ucrania, incluidas las compras de sistemas estadounidenses, mientras Washington mantiene el acceso a equipos y cadenas de suministro. Con el tiempo, Europa debería desarrollar más capacidad propia.
La financiación europea, junto con la continuidad del suministro estadounidense, reduciría la carga para los contribuyentes de Estados Unidos y preservaría capacidades que Ucrania todavía necesita. También daría tiempo a Europa para desarrollar la capacidad productiva necesaria para alcanzar una mayor independencia.
Europa debería asumir una mayor parte del coste. La transición debería reforzar las defensas de Ucrania a medida que avanza.
La diplomacia merece una oportunidad y una evaluación
Trump merece una evaluación justa de sus intentos de negociar el fin de la guerra. Hablar con Putin no equivale por sí mismo a respaldarlo. La diplomacia exige a menudo tratar con dirigentes cuya conducta hace que negociar sea tan difícil como necesario.
El 16 de octubre, Trump eximió de aplicación determinadas sanciones y aranceles nuevos previstos en la Ley Graham, invocando el interés nacional. La orden mantuvo las sanciones vigentes establecidas por órdenes ejecutivas anteriores relacionadas con Rusia. Describir la decisión como la eliminación de todas las sanciones estadounidenses sería inexacto.
La preocupación de Ucrania es si el alivio concedido a Moscú y la presión sobre Kyiv producirán medidas recíprocas por parte de Rusia o dejarán al país que se defiende negociando desde una posición más débil.
La cuestión es qué obtiene esa flexibilidad. Una concesión puede ser una herramienta útil de negociación cuando consigue una medida recíproca. Resulta más difícil defenderla si Moscú se beneficia mientras mantiene sus exigencias.
Se ha abierto una posibilidad diplomática. Después de que Steve Witkoff se reuniera con Putin el 21 de octubre, el Kremlin afirmó que Rusia estaba dispuesta a retomar conversaciones técnicas con Ucrania y Estados Unidos a partir del 10 de noviembre. Rusia también liberó al estadounidense detenido Stephen Hubbard. Esos avances merecen reconocerse. No demuestran que se haya alcanzado un alto el fuego o un acuerdo de paz.
Los partidarios de Trump pueden señalar razonablemente el valor de mantener vivas las negociaciones. Los partidarios de Ucrania pueden preguntar, también razonablemente, qué compromisos exigibles surgirán. La siguiente evaluación debe ser concreta: contención recíproca, acuerdos de seguridad creíbles y consecuencias si se incumple lo pactado.
La reanudación de las conversaciones crea una oportunidad. Su valor estratégico depende de lo que ocurra después.
Respetar a los votantes y respetar a Ucrania
Un votante estadounidense no tiene que disculparse por preguntar cuánto debería gastar Estados Unidos, cuál es el objetivo o por qué los aliados ricos no pueden asumir más responsabilidad. Esas preguntas forman parte del debate democrático.
Un ucraniano no tiene que disculparse por temer un acuerdo que deje a su país expuesto a otro ataque. Querer que las negociaciones prosperen no exige aceptar cualquier condición presentada como paz.
Para Washington, la posición más sólida combinaría una mayor financiación europea con una explicación clara de lo que Rusia debe hacer a cambio del alivio de las medidas. Para Europa, liderar debería significar ofrecer calendarios fiables de adquisición y entrega, respaldados por la capacidad de mantenerlos. Ucrania debe ocupar un lugar central en las negociaciones sobre su territorio y su seguridad futura. Las decisiones sobre su futuro no deberían imponerse contra su voluntad.
Eso ofrece una base viable para el acuerdo entre personas que discrepan sobre Trump: hacer más sostenible el apoyo estadounidense, aumentar la capacidad de Europa para defender su propia seguridad y evaluar las negociaciones por los compromisos que produzcan.
El criterio debería ser el mismo, sea quien sea el ocupante de la Casa Blanca: ¿puede Ucrania defenderse, paga Rusia un coste por continuar su agresión y haría un acuerdo menos probable otra guerra?
Un papel europeo más fuerte y una diplomacia estadounidense eficaz deberían avanzar en los tres objetivos.



